jueves, 28 de octubre de 2010

La flora de los Picos posibilita cosechar un néctar .

Después del trabajo desarrollado en los panales en los últimos meses, llega la época de la recolección para los apicultores. En el Oriente asturiano, y concretamente en Alles, desde 2002 trabajan con ahínco en este campo Jesús Antonio Noriega Caso y Carolina Álvarez Dosal. Ellos gestionan el Aula de la Miel, un centro de interpretación enclavado entre las montañas donde se descubren no sólo los secretos de las colmenas y sus habitantes, sino también el sabor de los productos que se derivan de la miel. No en vano, cada vez cobra más importancia la parte gastronómica de la empresa familiar que ellos gestionan, y que en la actualidad se nutre de unas 300 colmenas repartidas por diferentes puntos de la comarca.
 
Así, desde Ribadedeva y Llanes hasta Sotres y Tresviso, pasando por la sierra del Cuera, Panes, Trescares, Mier y Alles, en apenas 50 kilómetros, esta pareja trabaja y estudia con las abejas. En función de las diferentes flores que liban estos animalitos, se cosecha una u otra miel. Desde la de costa a la de alta montaña, pasando por la de valle y montaña. Un lujo. Y en el caso de los Picos de Europa y su entorno, gracias a un característico brezo, la setembrina o Cayuna Vulgaris, que sólo se da en altitudes por encima de los 1.200 metros, los apicultores obtienen la que ellos llaman «la gominola de las mieles», comentaba Noriega.
La miel de Cayuna, apreciadísima en toda Europa y entre los expertos paladares melosos. Un producto «muy viscoso, complicado de cosechar, muy oscuro y de potente sabor», resumía.
Este año la cosecha fue «ni buena ni mala, tirando a floja en la costa». De cada uno de los panales se obtuvieron unos 20 kilogramos de miel, «una cosecha de 6.000 kilos, la mayoría de montaña y alta montaña», resumía. ¿El principal enemigo de los apicultores? Además del mal tiempo del mes de mayo, el despoblamiento de las colmenas. Una epidemia a nivel mundial que se viene estudiando desde los años 80 y para la que ya parecen haber encontrado al culpable. «Las últimas conclusiones dicen que la causa principal es la Varroa Destructor, un ácaro que es parásito de las abejas que debilita a las colmenas y da entrada a otras enfermedades, como una diarrea que afecta a las abejas», comentaba Noriega.
 
Explicaba este apicultor que «los tratamientos empiezan a no ser eficaces, quizás también porque los apicultores nos relajamos porque pensábamos que tendríamos que convivir para siempre con ello, pero que no suponía ningún problema grave», aventura. El caso es que «en invierno perdimos el 20% de la población, aunque trabajando en primavera hemos logrado recuperarnos», celebra. Por suerte para los que disfrutan del dulzón sabor de la miel.
 

 

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